¿Por qué es más difícil perder peso después de una recaída?

Afrontar una recaída y recuperación de peso

Recuperar varios kilos perdidos luego de una dieta brusca o de corto tiempo es más común de lo que se cree. Esto se debe no sólo a factores psicológicos, sino también al desempeño hormonal del organismo y a cuestiones físicas que se ven modificadas por el mismo.

Algunas dietas restrictivas suelen ser tentadoras ya que producen efectos rápidos y grandes pérdidas de peso. Pero al mismo tiempo esos efectos pueden ser contraproducentes para el objetivo que se desea alcanzar, que no es sólo “perder algunos kilos”, sino poder mantenerlo en el tiempo sin recaer. La pérdida rápida de peso impacta directamente sobre las hormonas, lo que significa que no sólo es mentalmente y físicamente más difícil perder peso de nuevo luego de una recaída, sino que además, las hormonas están en realidad trabajando en contra de uno mismo.

Al realizar una dieta extrema y reducir considerablemente la cantidad de calorías, se afectan los niveles de leptina y de grelina. Estas hormonas son las encargadas de regular el sentimiento de saciedad y de hambre. Al disminuir la leptina y aumentar la grelina ante un pérdida de peso brusca, no sólo aumenta el apetito sino que el metabolismo se vuelve lento y se gasta menos energía. Por eso es importante realizar correctas correcciones en la alimentación para que estas hormonas colaboren con el plan de reducción de peso y no trabajen en contra.

Es posible reducir el nivel de grelina ingiriendo algunas nueces, un vaso de agua o algún pedazo de fruta aproximadamente 30 o 40 minutos antes de una comida. Además es importante comer de manera lenta, dándole lugar a la hormona de ir normalizando su funcionamiento. Por otro lado, para mantener alto el nivel de leptina se debe priorizar las grasas no-saturadas ante las saturadas y evitar los aderezos, panes y refrescos.

Nos encontramos entonces ante varios factores que empujan al cuerpo a retroceder y recuperar el peso que se había conseguido disminuir. No sólo el accionar de las hormonas y células adiposas, sino también los efectos negativos que este proceso genera a nivel psicológico y anímico.

¿Qué hacer para evitar recaídas o saber sobrellevarlas?

Seleccionar correctamente la dieta

Evitar cortar con grupos enteros de alimentos innecesariamente, siguiendo a ciegas un plan que llevó a cabo algún amigo o famoso. Escoger una dieta que tenga en cuenta las características adictivas del paciente y que no signifique un cambio radical del estilo de vida. Es decir, un programa apropiado a esa persona, que sea renovable y modificable para no generar monotonía ni agotamiento. Además, al llevar a cabo un plan nutricional adecuado, será más fácil poder mantenerlo en el tiempo y evitar que las células adiposas recuperen su tamaño inicial. Siempre es imprescindible acompañar la dieta con actividad física.

No convertir a la comida en un enemigo

La relación con la comida puede llegar a ser enfermiza. El ciclo tóxico de ganar y perder peso, restringir y comer en exceso, genera estrés y una obsesión que puede alcanzar todos los ámbitos de la vida. Por eso es importante encontrar un equilibrio, recordando que la comida es el vehículo para obtener energía y buena salud, y que con un plan adaptado es posible llevarse bien con los alimentos. Una buena opción es por ejemplo,  planificar con anticipación las comidas y entre comidas para poder tener siempre a mano lo necesario para estar bien alimentado, no aumentar de peso y evitar volverse rutinario.

Evaluación permanente

Tanto durante la implementación de un programa nutricional como luego del mismo, es necesario llevar adelante evaluaciones de diferentes tipos. La evaluación nutricional debe tener en cuenta las comidas adictivas que posee la persona, evitando recaídas. Además, la normalización en la alimentación no quiere decir que se vuelva a comer lo que se comía previo a bajar de peso sino, poder comer de todo, en cantidades reguladas y contribuyendo al mantenimiento. Sumado a esto, deben existir tanto una evaluación de la actividad física, paulatina y personalizada, y una evaluación psicológica.

La importancia de la autoestima

Llevar a cabo un plan nutricional no debe ser una tortura. Al contrario de esto, debe ser tomado como un beneficio para la salud y una forma de comprometerse con uno mismo. La confianza es fundamental. Por eso se recomienda rodearse de gente que sirva de apoyo, llenarse de pensamientos positivos y recordar los puntos fuertes para que la presión disminuya. Lo mismo ocurre ante una recaída. Es muy valioso no tomarla como un fracaso sino ser capaces de reaccionar a tiempo, modificar levemente el plan, retomar el control o acudir a algún profesional en caso de que se necesite más ayuda.

Tanto las cuestiones fisiológicas como las relacionadas con el estado de ánimo pueden ser controladas o atendidas ante alguna recaída o subida de peso. Lo fundamental es no desesperarse ni rendirse inmediatamente, sino hacer algo al respecto. Ya sea solicitar ayuda, modificar el plan para que sea más adecuado, realizar más actividad física o todas ellas combinadas.

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